Lecciones que nos enseña Google de sus últimos cierres de productos

Fiabilidad
Resumen

Explora el intrincado equilibrio entre riesgo y recompensa en la cultura intraemprendedora de Google mientras diseccionamos el auge y la caída de sus proyectos más ambiciosos: lecciones que resuenan en el cementerio de Google.

El enfoque de Google en el desarrollo de productos siempre ha sido el de la exploración y el riesgo calculado. El gigante tecnológico ha creado productos transformadores como Android y Google Chrome, que han alcanzado casi la ubicuidad en sus respectivos mercados gracias al intraemprendimiento.

El intraemprendimiento permite a los líderes impulsar la innovación desde dentro de su organización aprovechando el espíritu emprendedor de sus empleados. Piense en ello como un patio de recreo interno para la creatividad.

Gmail, de Google, es un ejemplo excelente de cómo las pequeñas ideas de las grandes empresas pueden cambiar las reglas del juego. Pero esta cultura de la innovación suele ir acompañada de un cementerio de proyectos abandonados.

El fin de Google Podcasts y Jamboard

Las últimas víctimas de esta estrategia – Google Podcasts y Google Jamboard – apuntan a una tendencia más amplia dentro de la empresa para consolidar y centrar sus ofertas. Las funciones de Google Podcasts se integrarán en YouTube Music, lo que supone un giro estratégico para alinear el podcasting con una plataforma más consolidada y popular.

El creciente interés de YouTube Music por los podcasts subraya la importancia cada vez mayor de los contenidos de audio hablado, convergiendo los mundos de la música y los podcasts en una experiencia de audio unificada.

La interrupción de Google Jamboard, una pizarra digital de 55 pulgadas diseñada para entornos educativos y laborales, plantea dudas sobre el compromiso de Google con proyectos de hardware especializados.

No se trata sólo de recortar pérdidas; estas decisiones suelen reflejar la evolución de Google en su comprensión del comportamiento de los usuarios y las tendencias del mercado. Sin embargo, el abrupto fin de los servicios ha hecho que algunas empresas y usuarios particulares se cuestionen la viabilidad a largo plazo de adoptar las iniciativas más recientes de Google.

A medida que el cementerio de Google se acerca rápidamente a los 300 proyectos fallidos o retirados en sus 25 años de historia, muchos empiezan a preguntarse si el gigante tecnológico tiene problemas de compromiso. Echemos la vista atrás a través de las gafas de color de rosa de la nostalgia para intentar averiguar por qué Google abandonó tantos de sus proyectos de software y hardware.

¿Cómo las brechas de seguridad y el bajo compromiso hundieron Google+?

Google+ entró en la escena de las redes sociales en 2011, prometiendo ser la próxima gran novedad en redes sociales. A pesar de las funciones y capacidades integradas que la vinculaban con otros servicios de Google, la plataforma de medios sociales nunca despegó. Se integró con servicios populares de Google como YouTube y Google Drive, e introdujo funciones innovadoras como “Círculos” para clasificar contactos y “Hangouts” para chats de vídeo. Sin embargo, a Google+ le costó quitar usuarios a plataformas ya establecidas como Facebook.

A pesar de ser alabado como el próximo Facebook, la participación siguió siendo baja, y muchas personas que tenían cuentas de Google+ a través de sus cuentas de Gmail o YouTube ni siquiera sabían que tenían una o no la utilizaban activamente. Muchos lo compararon con un gimnasio en el que todo el mundo es socio, pero nadie lo visita.

Para colmo de males, Google+ se enfrentó a un duro revés cuando sufrió importantes filtraciones de datos en 2018, exponiendo la información de los usuarios. Si bien Google citó el “bajo uso” y los “desafíos de mantener un producto exitoso” como razones para cerrar Google+, estas fallas de seguridad aceleraron su desaparición. La primera brecha llevó a un plan acelerado para cerrar la plataforma en abril de 2019.

Lamentablemente, Google+ sirve como caso de estudio de cómo incluso un gigante tecnológico como Google puede fracasar a la hora de captar el compromiso social cuando se enfrenta a competidores atrincherados y cómo los problemas de seguridad pueden acelerar la caída de un servicio ya en dificultades.

5.000 millones de descargas, pero olvidado: La paradoja de Google Hangouts

Google Hangouts tuvo un viaje en montaña rusa, empezando fuerte pero finalmente desvaneciéndose. Lanzado en 2011, se convirtió rápidamente en la primera opción para los usuarios por su diseño sencillo y sus múltiples funciones, como chats de texto, voz y vídeo. Con 5.000 millones de descargas, parecía un éxito. Pero las cosas cambiaron en 2016 cuando Google sacó Allo, una app de chat nueva y más elegante con Google Assistant integrado.

Durante los cinco años siguientes, Google lanzó cuatro aplicaciones más para sustituir a Hangouts, fusionándola finalmente en Google Chat en 2022.

La caída de Hangouts se debe a varios problemas. Uno de los principales fue la tendencia de Google a perseguir lanzamientos interesantes en lugar de mantener y mejorar los productos existentes. Esto hizo que Hangouts quedara relegado a un segundo plano y acabara desapareciendo, poniendo fin a su trayectoria ascendente y descendente en la gama de herramientas sociales del gigante tecnológico.

Adelantado a su tiempo: la promesa incumplida de Google Glass

La llegada de Google Glass en 2013 entusiasmó de inmediato a la comunidad tecnológica con su promesa de convertir la realidad aumentada en parte de la vida cotidiana. Incluso antes de que estuvieran disponibles públicamente, la revista TIME las declaró uno de los mejores inventos de 2012, lo que alimentó aún más la expectación en torno a su lanzamiento.

La revista de moda Vogue dedicó incluso un reportaje de 12 páginas a Google Glass, lo que indica que el dispositivo ha cautivado la imaginación del público a múltiples niveles. A pesar de la expectación inicial, las Google Glass no tardaron en verse envueltas en polémicas que iban desde problemas de privacidad hasta el precio de 1.500 dólares. Estos problemas se vieron exacerbados por desafortunados incidentes, como usuarios detenidos por llevar gafas mientras conducían o arrestados por usar el dispositivo en cines y usuarios etiquetados como “Glassholes”.

Aparte de la pesadilla para las relaciones públicas, las limitaciones del dispositivo y la escasa duración de la batería lo hacían poco práctico para el uso cotidiano. Google Glass pasó rápidamente de ser un símbolo de innovación tecnológica a un cuento con moraleja. En 2015, Google anunció que dejaría de ofrecer una versión para el consumidor, relegando el dispositivo a las aplicaciones empresariales.

Aunque el dispositivo siguió encontrando aplicaciones en entornos industriales o médicos especializados, no logró convertirse en el éxito de consumo que Google había esperado. Sin embargo, es importante señalar que la primera incursión de Google en la tecnología de realidad aumentada para llevar puesta ha allanado el camino para que otras empresas exploren iniciativas similares. Ahora que el público acepta mejor las gafas inteligentes, se podría argumentar que Google Glass se adelantó a su tiempo y ofreció lecciones sobre los retos y oportunidades de la tecnología para llevar puesta.

Quizá el próximo lanzamiento de las Apple Vision Pro, con un precio de 3.499 dólares, confirme finalmente si Google se adelantó a su tiempo o si la historia está a punto de repetirse.

¿Por qué Google Play Music no pudo superar a Spotify?

La incursión de Google en el mundo de la música en streaming comenzó de forma prometedora con Google Play Music, un servicio que ganó adeptos por su característica única que permitía a los usuarios cargar sus bibliotecas de música existentes. Se trataba de una alternativa gratuita a los modelos basados en suscripciones; los usuarios podían incluso comprar canciones como en iTunes durante un tiempo.

Sin embargo, las ambiciones de Google no se detuvieron ahí, sino que pretendían rivalizar directamente con Spotify y Apple Music. Para lograrlo, Google cambió el nombre de Google Play Music a YouTube Music en 2020, promocionando varias supuestas ventajas, como el acceso a remezclas, versiones y versiones en directo de canciones, junto con recomendaciones personalizadas basadas en IA.

A pesar de estas características, YouTube Music no pudo superar a Spotify o Apple Music en la captación de la participación del usuario y la lealtad. Mientras tanto, las otras aplicaciones Play de Google también sufrieron destinos similares, con Play Movies & TV transformándose en Google TV en 2021 y que finalmente dejará de existir el mes que viene.

Una vez más, esta serie de cambios y cierres ilustra el reto de Google a la hora de penetrar en mercados en los que ya existen fuertes incumbentes a pesar de sus intentos innovadores.

El talón de Aquiles del juego en la nube: Los problemas de latencia de Stadia

El viaje de Stadia desde su audaz creación hasta su desafortunada desaparición en 2023 presenta un caso de estudio convincente sobre los peligros y complejidades de la disrupción tecnológica en la ferozmente competitiva industria del juego.

A primera vista, el planteamiento de Google era refrescantemente novedoso: aprovechar la computación en nube para democratizar el acceso a los juegos, minimizar la dependencia del hardware y reducir los costos de entrada para el consumidor.

Imaginaban un futuro en el que los grandes éxitos de taquilla pudieran verse en streaming con la misma rapidez que los programas de Netflix, sin más requisito que una conexión sólida a Internet. Sus alianzas con gigantes de la industria como Ubisoft y Rockstar Games indicaban una fuerte apuesta inicial por la cuota de mercado y la confianza del consumidor.

Sin embargo, la aventura se vio plagada de dificultades. El más importante era la necesidad de una conexión a Internet de alta velocidad, un requisito previo que resultó ser una barrera de acceso significativa para un segmento considerable de usuarios potenciales.

Sólo en Estados Unidos, se calcula que 42 millones de personas carecen de la infraestructura de Internet necesaria. Además, la propuesta de valor de Stadia se vio socavada por una cartera mediocre de contenidos exclusivos y por el riesgo inherente de los consumidores a la hora de invertir en títulos basados en la nube.

Para agravar el problema, la inconsistencia del rendimiento de la plataforma se convirtió en su talón de Aquiles; los problemas de latencia y fiabilidad en el mundo real traicionaban con demasiada frecuencia la promesa teórica de un juego sin complicaciones.

La decisión final de Google de retirar Stadia este año es un recordatorio aleccionador de cómo incluso las soluciones tecnológicas más visionarias pueden fracasar cuando no se ajustan a la disposición actual de los consumidores, las condiciones del mercado o las realidades infraestructurales.

Sin embargo, la amable gestión de Google de la desaparición de la plataforma -ofreciendo reembolsos completos a su base de usuarios- indica un nivel de responsabilidad centrado en el cliente que, si bien no salva la propia empresa Stadia, puede mitigar el daño a la reputación y proporcionar importantes lecciones para futuras innovaciones tecnológicas.

Conclusión

El enfoque de Google respecto a la innovación se parece a una sesión de brainstorming rápida: lanzar varias ideas y ver cuáles ganan tracción. Esta estrategia encarna la agilidad, pero no está exenta de inconvenientes.

Muchos empiezan a cuestionar el compromiso de la empresa con el desarrollo de productos a largo plazo después de quemarse invirtiendo en la larga lista de plataformas abandonadas de Google.

No se puede evitar el hecho de que rara vez pensamos en Google cuando escuchamos música, disfrutamos de podcasts, jugamos o charlamos con amigos en línea. Aunque el gigante tecnológico es conocido por lanzar productos adelantados a su tiempo, le cuesta incidir de forma significativa en áreas en las que la gente ya participa activamente.

El reciente cierre de productos como Google Glass, Stadia y Hangouts suscita una mirada crítica a la cultura de innovación del gigante tecnológico. Se trata de una compleja historia de triunfos y cautela.

La disposición de Google a asumir riesgos forma parte de su ADN, una cultura intraemprendedora que genera tecnologías disruptivas. Pero ahí radica la paradoja: la emoción de dar a luz la “próxima gran cosa” a veces puede eclipsar la diligencia debida necesaria para hacerla sostenible y fidelizar a los usuarios.

Entonces, ¿puede una empresa ser demasiado pionera para su sonido? Las retiradas de productos de Google sirven de laboratorio de aprendizaje para la empresa y para todo el panorama tecnológico.

Revelan la cuerda floja entre la preparación para el mercado, el desarrollo sostenible y el compromiso de los usuarios. Estos cierres de productos no deben verse únicamente como pasos en falso, sino como hitos en el viaje de Google hacia la innovación, un viaje lleno de descubrimientos y lecciones aprendidas.

En última instancia, esta narración en curso es un caso de estudio esencial para cualquier persona comprometida con el futuro de la tecnología. Destaca la necesidad de equilibrar la innovación desenfrenada con la tarea igualmente crucial de la gestión de productos a largo plazo, un dilema que definirá los contornos de la industria tecnológica en los próximos años.

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Neil C. Hughes
Senior Technology Writer
Neil C. Hughes
Experto en Tecnología

Neil es un periodista tecnológico independiente con más de dos décadas de experiencia en tecnologías de la información. Reconocido como una de las Voces Principales en tecnología en LinkedIn y destacado por CIO Magazine y ZDNet por sus perspicaces aportes, Neil ha contribuido a publicaciones como INC, TNW, TechHQ y Cybernews, además de ser el anfitrión del popular podcast Tech Talks Daily.